El caso del kilo menguante

Tres proyectos científicos avanzan hacia una unidad de masa que no fluctúe con el tiempo, como la de platino e iridio que se conserva al sur de París

kg
Una réplica del prototipo del kilo, con su doble campana de cristal protectora. / Wikimedia Commons

Los de mi generación estudiábamos catecismos en el cole. ¿Eres cristiano? Soy cristiano por la gracia de Dios. ¿Qué es un kilogramo? Es la masa de un cilindro de platino e iridio que se conserva el laboratorio de la Oficina Internacional de Pesos y medidas de Sèvres, al sur de París. Vaya educación que recibí. Ni soy cristiano por la gracia de Dios, ni por ninguna otra causa, ni el kilogramo es esa cosa que conservan en Sèvres bajo tres campanas de protección y con más llaves que las que protegen al botón nuclear de la Casa Blanca. Mal podría serlo cuando ha perdido 50 microgramos desde que lo metieron allí, como puedes leer en Materia. Si eso es precisión, que venga la gracia de Dios y lo vea.

Tal vez las unidades no sena un tema muy sexy, pero son esenciales para la física, y por tanto para la ciencia en su conjunto. Medimos la fuerza en kilogramos por metro partido por segundo al cuadrado (una unidad llamada newton en honor al padre de la ciencia), y no podemos depender para ello de un kilogramo que pierde peso, un metro que se dilata en verano y un segundo que se encoge con los caprichos del péndulo. Las definiciones de metro y de segundo han tenido que alcanzar una precisión atómica para poder construir los relojes que han confirmado la relatividad de Einstein y permiten funcionar al GPS del coche.

Pero el kilogramo todavía no ha escapado de la era geológica de Sèvres. Sigue siendo una cosa más que un concepto, y las cosas son poco de fiar. Lee en Materia los tres proyectos que están en marcha para arreglar esto, que tal vez consigan confluir el año que viene en un nuevo patrón de masa, una nueva forma de definir el kilogramo con precisión atómica. Los proyectos son fascinantes en sí mismos, consigan o no su propósito histórico.

Y, si todo esto es muy árido, consuélese el lector con una reflexión de actualidad. Los del Brexit lo tienen peor aún: una libra se define como 0,45359237 kilogramos. Por la gracia de Dios. Fuente: http://elpais.com/elpais/ciencia.html

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