Se descubre una estrategia contra el párkinson asociado a la exposición a plaguicidas

En animales experimentales, un fármaco en desarrollo evita la acumulación en el cerebro de alfa-sinucleína, la proteína implicada en esta enfermedad.

Environmental Health Perspectives


En la enfermedad de Parkinson se produce una acumulación de alfa-sinucleína, principal componente de los cuerpos de Lewy (marrón). [Marvin101 / Wikimedia Commons]

La exposición a un grupo de plaguicidas comunes llamados ditiocarbamatos se ha asociado a un mayor riesgo de sufrir la enfermedad de Parkinson, aunque el mecanismo por el que los compuestos ejercen su toxicidad en el cerebro no se conoce bien. Un nuevo estudio realizado por investigadores de la Universidad de California en Los Angeles (UCLA) arroja ahora luz sobre la toxicidad de los compuestos, a la vez que plantea una estrategia que puede ayudar a prevenir la enfermedad.

La investigación se ha centrado en el fungicida ziram, que provoca la destrucción de la fuente de dopamina en el sistema nervioso central, esto es, las neuronas dopaminérgicas. La pérdida de estas neuronas se asocia a la enfermedad de Parkinson.

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Imagen: Google

El daño se inicia porque el ziram tiene la capacidad de aumentar las concentraciones de una proteína que abunda en el cerebro humano y que se denomina α-sinucleína. Como consecuencia, la proteína se agrega y daña las neuronas que se hallan en su proximidad. Este fenómeno también se produce en la enfermedad de Parkinson no asociada a la exposición a plaguidicas, por lo que constituye un objetivo de los científicos en su búsqueda de un tratamiento general contra la dolencia.

En el nuevo estudio, llevado a cabo con el pez cebra, los autores descubrieron que la eliminación de la proteína α-sinucleína protegía al animal frente a la pérdida de neuronas dopaminérgicas inducida por el ziram. Debido a que la mayoría de los casos de párkinson parecen estar causados, al menos en parte, por factores ambientales como la exposición a los plaguicidas, estos hallazgos apoyan la idea de que el tratamiento de la α-sinucleína podría ralentizar o detener la progresión de la enfermedad en la mayoría de los pacientes, opina el autor principal, Jeff Bronstein, profesor de neurología en la Escuela de Medicina David Geffen de la UCLA.

«Estos resultados se suman a las pruebas crecientes que relacionan la exposición a los plaguicidas y la enfermedad de Parkinson y ofrece importantes conocimientos sobre los mecanismos de toxicidad del ziram», comenta Bronstein. «Una mejor comprensión de la patogénesis del párkinson llevará, en última instancia, al descubrimiento de nuevos tratamientos y, finalmente, a una cura.»

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Imagen: The Saban Researh Institute Of Children´s Hospital

En el estudio, los investigadores desarrollaron primero un modelo de párkinson en el pez cebra, el primer modelo animal de la enfermedad . Después expusieron a los animales al ziram, con lo que dejaron de producir dopamina. Observaron que los animales no nadaban correctamente, un síntoma del párkinson.

A continuación, modificaron genéticamente los peces de modo que no produjeran la proteína α-sinucleína y los expusieron de nuevo al ziram. Esta vez los peces no enfermaron y nadaron correctamente.

Después, ofrecieron a los peces no modificados (no protegidos) un fármaco que está siendo desarrollado por científicos de la UCLA. El compuesto, denominado CLRO1, destruye los agregados de proteínas que se forman en el párkinson. Descubrieron así que el medicamento evitaba la aparición de los síntomas de la enfermedad en los peces.

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Imagen: Google

«La eliminación de la proteína mediante ingeniería genética o la destrucción de los agregados con el nuevo fármaco protegió a los animales frente a la toxicidad del ziram», comenta Bronstein. «Se trata de un resultado importante. Demuestra que las toxinas ambientales intervienen en la misma vía que se halla afectada en los que presentan una predisposición genética para el párkinson. Y lo que es más importante, podemos emplear fármacos que se hallan en desarrollo en los que sufren la enfermedad a causa de la exposición al ziram.»

De cara al futuro, Bronstein y su equipo van a determinar si otras sustancias ambientales provocan párkinson a través del mismo mecanismo. También llevarán a cabo más investigaciones sobre el CLRO1, previas a los ensayos clínicos con humanos.

Alrededor del 70 por ciento de los casos de párkinson no pueden explicarse por factores genéticos, apunta Bronstein, por lo que el nuevo hallazgo podría resultar vital para una gran parte de los de pacientes.

Más información en Environmental Health Perspectives

Fuente: Kim Irwin / UCLA

Fuente: investigacionyciencia.es

 

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