Ranking Académico de las Universidades del Mundo (ARWU) 2015

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El Ranking Académico de las Universidades del Mundo (ARWU) en 2015 ha sido divulgado por el Centro para las Universidades de Primera Categoría en la Universidad Jiao Tong de Shanghái.

Desde 2003, ARWU ha estado presentando anualmente las 500 mejores universidades del mundo basándose en datos de metodología transparente y de terceros. Ha sido reconocido como el precursor de la clasificación de universidades a nivel mundial y el más digno de confianza.

La Universidad de Harvard sigue siendo la número uno en el mundo por decimotercer año consecutivo; otras universidades entre las 10 mejores son: Stanford, MIT (Instituto de Tecnología de Massachusetts), Berkeley, Cambridge, Princeton, Caltech (Instituto de Tecnología de California), Columbia, Chicago y Oxford. En Europa continental, ETH Zúrich (Instituto Federal Suizo de Tecnología de Zúrich) (puesto 20) en Suiza ocupa el primer lugar, y la Universidad de Copenhague (puesto 35) en Dinamarca supera a Pierre y Marie Curie (puesto 36) en Francia, como la segunda mejor universidad en esta zona. La Universidad de Tokio (puesto 21) y la Universidad de Kioto (puesto 26) mantienen sus posiciones de liderazgo en Asia. La Universidad de Melbourne (puesto 44) está a la cabeza de otras universidades en Oceanía.

La Universidad de Warwick (puesto 92) en el Reino Unido entra en la lista de las 100 mejores por primera vez. Hay un total de 11 universidades que han irrumpido en la lista de las 500 mejores en 2015, entre las cuales la Universidad Tecnológica de Queensland en Australia y la Universidad Tecnológica de Sharif en Irán aparecen por primera vez.

El Centro para las Universidades de Primera Categoría también publica el Ranking Académico de las Universidades del Mundo en 2015 por grandes áreas del conocimiento (ARWU-FILED) y el Ranking Académico de las Universidades del Mundo en 2015 por materias (ARWU-SUBJECT).

Las 200 mejores universidades en cinco grandes áreas del conocimiento y en cinco materias seleccionadas se han enumerado, y las cinco mejores son:

Las listas completas y detalles sobre las metodologías se pueden encontrar en el sitio web del Ranking Académico de las Universidades del Mundo en http://www.ShanghaiRanking.com/.

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Ranking Académico de las Universidades del Mundo (ARWU): Desde 2003, ARWU ha estado presentando anualmente las 500 mejores universidades del mundo basándose en un conjunto de indicadores objetivos y datos de terceros. ARWU ha sido reconocido como el precursor de los rankings universitarios a nivel mundial y la clasificación más fiable. ARWU emplea seis indicadores objetivos para clasificar las universidades del mundo, incluyendo el número de alumnos y profesores que han ganado premios Nobel y medallas Fields, el número de investigadores altamente citados, el número de artículos publicados en revistas de Nature y Science, el número de artículos indexados en Science Citation Index – Expanded y Social Sciences Citation Index, y el rendimiento per cápita. ARWU califica cada año más de 1.200 universidades y son publicadas las 500 mejores.

Centro para las Universidades de Primera Categoría en la Universidad Jiao Tong de Shanghái (CWCU): El CWCU se dedica al estudio teórico y de políticas de las Universidades de Primera Categoría con más de 25 años de historia. El CWCU inició el “Congreso Internacional sobre las Universidades de Primera Categoría” en 2005 y ha organizado este evento bienal desde entonces. El CWCU ha emprendido la construcción de bases de datos de las principales universidades del mundo con más investigación y un centro de intercambio de información escrita sobre las Universidades de Primera Categoría y sirve de consulta a gobiernos y universidades.

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Consultoría Ranking de Shanghái: Consultoría Ranking de Shanghái es una organización totalmente independiente dedicada a investigar sobre la educación superior. Es el editor oficial del Ranking Académico de las Universidades del Mundo.

Fuente: shanghairanking.com

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Dime dónde estudiaste y te diré cuánto cobras

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La idea es clara: pasar cuatro, cinco y hasta seis años de estudios superiores en una buena universidad, convertirte en un profesional bien preparado, y seguidamente insertarte en un medio que te haga ganarte más que bien la vida.

Un título no es igual a otro título, eso lo sabemos. En el actual mercado laboral también importa la categoría del centro donde has cursado tus estudios.

De ahí que sea útil saber cuáles son las instituciones académicas de este tipo que aportan un mayor número de graduados con buenos ingresos cuando se convierten en trabajadores.

Este ha sido el objetivo de un estudio publicado en el portal Emolument, a partir del análisis de los sueldos medios de los exalumnos de las más importantes universidades europeas, y que podemos resumir en una sencilla frase: “según en qué universidad estudies, así cobrarás”.

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Contrariamente a lo que se podría imaginar a partir del pedigree de ciertas instituciones, Oxford y Cambridge, eminentes universidades británicas, no aparecen entre los diez primeros lugares en esta clasificación. Ambas aparecen nada menos que en los puestos 15 y 16.

Lo verdaderamente llamativo, teniendo en cuenta lo mucho que “suenan” otras, es que en la parte alta del top 10 aparezcan cuatro universidades suizas -la Universidad Saint Gallen, la de Zúrich, la Escuela Politécnica Federal y la Universidad de Zúrich de las Ciencias Aplicadas– que aportan los egresados con salarios más altos del continente: entre los 186.000 y los 147.000 euros (207 700 y 164 100 dólares respectivamente) al año.

Es de notar que entre los países europeos, Suiza sea el de mayor coste de la vida; lo que explica que los egresados suizos lleguen a ganar hasta un 40% más que sus pares británicos.

Sin embargo, en segundo lugar, y en cuanto a cantidad de establecimientos educativos incluidos entre los diez primeros, aparece Francia. Aquellos que se han graduado de la HEC Paris (Escuela de Estudios Superiores de Comercio, fundada en 1881), la MINES Paris Tech (Escuela Superior de Minas), l’Ecole Polytechnique o la ESLSCA Business School, ahora mismo estarían cobrando entre el equivalente de 127 700 y 112 400 dólares, pues sus antiguos centros de altos estudios se encuentran entre el lugar 6 y el 9 en la referida tabla.

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Female graduate looking through binoculars against white background.

Mientras, en el quinto y el décimo lugar se encuentran la London Business School (133 300 dólares al año como salario medio) y la London School of Economics (111 100 dólares), ambas radicadas en el Reino Unido.

Pero aquí no acaba el análisis. La tendencia positiva se produce mucho más hacia el lado francés. Nada menos que once universidades galas aparecen en un ranking extendido a 30 universidades, seguidas por las británicas, con ocho en total, y las cuatro suizas que lideran la tabla.

El resto de esta clasificación queda para dos universidades de los Países bajos (Erasmus University Rotterdam y Maastrich University), en los lugares 13 y 19; dos belgas (Solvay Brussels School of Economics and Management y Leuven University), en los lugares 20 y 23; un centro de estudios español (Catholic Institute of Business Administration Comillas, más conocida como Pontificia de Comillas) en el lugar 26; uno italiano (Bocconi University & SDA School of Management) en el sitio 28; así como la Universidad sueca de Lund, en el último lugar.

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En resumen, los salarios medios de los egresados de estas treinta universidades fluctúan entre los 207 700 y los 85 000 dólares; un dato al que se ha llegado a partir de una encuesta a 5.622 antiguos estudiantes europeos, que ahora mismo poseen entre cinco y diez años de experiencia profesional.

La nota curiosa reside en que las cuatro universidades suizas que encabezan este listado ofrecen precios de la matrícula llamativamente más baratos e interesantes que en el resto de Europa.

“Estudiar en Saint Gallen [el primer establecimiento de la tabla] cuesta unos 2.300 euros (2.570 dólares) menos, frente a los 10.100 (11.280 dólares) de una universidad británica”, asegura Alice Leguay, la responsable del informe.

Fuente: Yahoo/Finanzas

Por qué en América Latina no pronunciamos la Z y la C como en España

¿Se perdió la pronunciación diferenciada de la Z y la C rumbo a América?

¿Se perdió la pronunciación diferenciada de la Z y la C rumbo a América?. Foto: Getty Images

Con la conquista, se impuso la forma sevillana de hablar el castellano, en la que las diferencias entre ambas letras se diluye; hubo teorías que marcaban las influencias de reyes, o de las lenguas indígenas.

Que en Latinoamérica la Z y la C se pronuncian igual que la S, diferente a lo que pasa en la mayor parte de España, está lejos de ser una novedad. Pero, ¿desde cuándo es así? ¿Y por qué?

Estas preguntas han ocupado a especialistas y a hispanohablantes en general, intrigados porque en la tierra donde nació el castellano se hable distinto que en la región donde se trasplantó.

Sobre la pronunciación de la Z en España han llegado a crearse hasta leyendas, como que se extendió para reproducir el ceceo que padecía algún rey o príncipe al hablar. Pero los expertos descartan que eso sea cierto.

¿Pronuncias la C...
¿Pronuncias la C…. Foto: Thinkstock
...y la Z...

           …y la Z…. Foto: Thinkstock

...como una S?
…como una S?. Foto: Thinkstock

“Aunque (sea) una leyenda simpática, no tiene ningún sustento”, le dice a BBC Mundo el filólogo español Juan Sánchez Méndez, autor del libro “Historia de la lengua española en América”.

Entre fines del siglo XIX y comienzos del XX ganó fuerza la idea de que en Latinoamérica se habla diferente el español porque cambió con la influencia de las lenguas indígenas.

Sin embargo, esa teoría indigenista o “sustrática”, que tuvo como padre al lingüista alemán naturalizado chileno Rodolfo Lenz, también perdió fuerza ante la evidencia científica.

Y la explicación que se ha impuesto como más aceptada es que la pronunciación diferenciada de la Z y la C no se perdió en algún sitio misterioso rumbo a América, sino que básicamente nunca embarcó.

Habla sevillana

“Todo tiene que ver con el momento en que se produjo la colonización del Nuevo Mundo, el descubrimiento de América”, señala Sánchez Méndez, catedrático en la universidad de Neuchâtel, en Suiza.

Por aquel entonces ya había dos modos de hablar el castellano: uno hacia el norte de Castilla, que se impuso en Madrid, y otro en Sevilla, en el sur de España.

La cuestión es que, en Sevilla, la Z y la C se pronunciaban de modo similar a la S. Y allí fue donde estuvo la principal cabecera de enlace con América, el Puerto de Indias.

En el momento de la colonización, en Sevilla ya no se hablaba...
En el momento de la colonización, en Sevilla ya no se hablaba…. Foto: Getty Images
...como en Madrid.

          …como en Madrid.. Foto: Getty Images

Una mayoría relativa de los primeros colonizadores españoles que llegaron a América provenía de Sevilla y otras partes de Andalucía: 37% entre 1493 y 1539, según estudios del historiador estadounidense Peter Boyd-Bowman.

“En toda América triunfó la manera sevillana de hablar español. Mientras que en la ortografía es la manera de Madrid, que es donde estaba la Corte, el rey, los nobles, y por tanto tenía mucho prestigio”, concluye Sánchez Méndez.

¿Correcto o incorrecto?

Arturo Andújar Cobo, miembro del grupo de investigación sociolingüística andaluza de la Universidad de Sevilla, señala que en esta ciudad pasaban temporadas quienes aguardaban embarcar hacia América, por lo que el seseo ya era dominante a la hora de partir.

En la escritura, la C y la Z sí se diferencian.
En la escritura, la C y la Z sí se diferencian.. Foto: Thinkstock

“En Andalucía concretamente la pronunciación de la zeta la consideran de menos prestigio social, porque esa pronunciación se la atribuyen a los moriscos y entonces parece que se asocia a una clase social baja”, le dice ese doctor en filología hispánica a BBC Mundo.

También pudo haber una razón de practicidad en el Nuevo Mundo: unificar fonemas simplificaba las cosas a los colonos que implantaban el español, y a los indígenas que lo aprendían.

“Es más cómodo, más sonoro, más agradable la pronunciación del seseo que la del ceceo”, sostiene Andújar Cobo.

Por lo tanto, quizá la influencia de los indígenas en el modo de hablar de los latinoamericanos tampoco pueda descartarse del todo.

Ya en el siglo XIX hubo algunos intentos en tierras americanas que se independizaban de España por distinguir la pronunciación de la S, la C y la Z, bajo el argumento de que contribuiría a escribir con menos faltas de ortografía.

Pero esos esfuerzos naufragaron, como es evidente en las ciudades latinoamericanas de hoy.

Entonces, ¿está develada la incógnita?

No necesariamente, advierte la lingüista Guiomar Ciapuscio, directora alterna del Instituto de Filología y Literaturas Hispánicas de la Universidad de Buenos Aires.

“Es complicado decir que es algo que está solucionado definitivamente, porque no hay tanto trabajo empírico hecho aquí en América”, le afirma Ciapuscio a BBC Mundo.

Pero a su juicio, hay algo que, a esta altura del campeonato, sí está saldado: no existe una forma correcta o incorrecta de pronunciar la Z o la C.

“Nuestra norma culta aquí en América es pronunciar la Z y la C como S”, explica. “Es totalmente generalizada, es lo que los hablantes hacen”.

Este artículo es parte de la versión digital del Hay Festival Querétaro, un encuentro de escritores y pensadores que se realiza en esa ciudad mexicana entre el 1 y 4 de septiembre de 2016.

No vendas tu alma al diablo: lo que firmas cuando te registras en una ‘app’ o red social

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Pueden parecer un galimatías legal, pero los contratos que aceptas cuando te das de alta en una aplicación o red social no son tan complicados. Te ayudamos a entenderlos

Aunque los términos y condiciones de todos esos servicios que utilizamos en internet dan hasta para escribir un cómic o incluso para crear un comparador con el que vigilar cada cambio de estos contratos que firmamos sin leer, el caos sigue reinando en ellos. Al fin y al cabo, continúan siendo textos legales mastodónticos e incomprensibles que dan lugar incluso a singulares protestas para que sean más cortos y menos complejos.

1.- Comprueba para qué pueden usar tus fotos

Tus fotos, tus vídeos y, en realidad todo ese contenido que compartes en tus redes sociales. En la mayoría de los casos, los términos y condiciones de los servicios dejan claro que el contenido que compartes es tuyo, pero lo más probable es que, al aceptarlos, estés dándoles permiso para que usen ese contenido (e incluso para que lo sublicencien, como sucede con las fotos y vídeos que compartes en Instagram) de forma gratuita.

En definitiva, lo que compartas con tus seguidores puede terminar siendo utilizado por la compañía para, por ejemplo, sus campañas de publicidad.

2.- Revisa qué datos personales estás cediendo

Más allá de la cesión obvia de las imágenes y vídeos que compartes en cualquier red social, todos estos servicios se quedan con datos personales como tu número de teléfono, tu cuenta de correo electrónico, tu usuario y contraseña e incluso con tu agenda telefónica como sucede en WhatsApp (por motivos lógicos) o con tus contactos de correo electrónico, como en Twitter e Instagram si decides buscar amigos en la red social de esta forma.

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Visualpun.ch

Por si todo esto fuera poco, todos estos servicios suelen quedarse con otros datos personales aún más importantes: los que extraen analizando tu comportamiento en la plataforma en cuestión. Qué páginas de Facebook buscas, cuáles son las imágenes de Instagram que te gustan y, por supuesto, desde qué navegador lo haces y cuál es tu IP. Eso, por no hablar del extremo caso de Google, que guarda (con tu permiso) el mapa de tu día a día en base a la ubicación de tu teléfono Android.

3.- Vigila lo que pueden hacer con esos datos

En líneas generales, tus datos serán utilizados principalmente para ofrecerte un mejor servicio y, además, las compañías suelen comprometerse a no venderlos a un tercero (salvo que forme parte del mismo grupo empresarial, como sucede entre Instagram y Facebook, por ejemplo). Así, la red social fotográfica usa tu información para personalizar la publicidad que ves, YouTube hace lo propio para sugerirte vídeos que te puedan interesar y Facebook para incluirte en campañas publicitarias que se ajusten a tu edad, tu sexo y tus gustos, entre otras cosas.

El caso más sorprendente es el de WhatsApp, que renuncia explícitamente a incluir publicidad (al menos, hasta caer en manos de Zuckerberg) y que usa tus datos únicamente para mejorar el servicio que prestan. De hecho, su texto legal indica que, si los anuncios llegan algún día al servicio de mensajería, harán cambios en sus términos y condiciones, algo que no ha sucedido en más de cuatro años.

4.- Comprueba cómo puedes darte de baja

La mayoría de servicios dan dos opciones a sus usuarios: desactivar su cuenta o eliminarla. En el primero de los casos, no serás visto por otros usuarios, pero tus datos seguirán pululando por los servidores.En el segundo caso, si bien tus datos no se esfuman del todo (en Facebook, por ejemplo, se quedarán los mensajes que hayas escrito en grupos), lo cierto es que tu cuenta desaparecerá para siempre y de forma irreversible.

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Imagen Google

YouTube se lleva la palma a la originalidad en lo que a la eliminación de perfiles se refiere. Para hacerlo, los usuarios deben cerrar su cuenta y, además, notificárselo a la empresa por correo ordinario, al más puro estilo siglo XX, tal y como indican en sus términos y condiciones. Toma nota: tienes que escribir al 901 Cherry Avenue, San Bruno, California, Estados Unidos.

5.- Asume que tus datos no desaparecen

Tal y como indicábamos antes, la información personal que cae en manos de cualquiera de estas compañías no es fácil de borrar del todo. En algunos casos, de hecho, es imposible. Así, Instagram se queda con tus datos y tus fotos durante “un tiempo comercialmente razonable”. ¿Cuánto es eso? No lo especifican.

Por su parte, WhatsApp borra tus mensajes a los 30 días de eliminar la cuenta, pero en los términos y condiciones no se dice nada sobre cuándo suprimen (si lo hacen) tu número de teléfono o tu agenda de contactos. Y los demás, más de lo mismo: YouTube no se pronuncia al respecto, Tinder advierte de que almacena ciertos datos con fines estadísticos… Lo mejor será asumirlo: tus datos rara vez se borran del todo.

6.- Asegúrate de que puedes darte de alta

Trece años para Instagram y Facebook, catorce para YouTube (en España), dieciocho para Tinder… La edad mínima permitida en cada una de las plataformas de internet es distinta y lo mejor es comprobar si puedes o no ser un usuario. De hecho, si no tienes 16 años, no deberías usar WhatsApp: en teoría, estarías infringiendo los términos y condiciones si lo haces.

(Global Panorama)
Imagen: Global Panorama

7.- Revisa si pueden cambiar

La respuesta rápida en todos los casos suele ser que sí. Y no solo pueden cambiar, sino que la mayoría de servicios no notifica las modificaciones y el responsable de estar atento no es otro que el usuario. Sin embargo, algunos servicios como Tinder se comprometen a advertir de los cambios más significativos. Por su parte, Facebook da incluso un plazo de siete días para que los usuarios puedan quejarse y hacer propuestas respecto a los cambios de sus términos y condiciones. 

8.- Confirma a qué legislación están sujetos

Si le tienes manía a las leyes estadounidenses, lo mejor es que te olvides de tener una cuenta en Twitter, Facebook, Instagram, Tinder y compañía: todas ellas te remiten a la legislación del estado en el que está su sede (generalmente, California). Solo Google se ajusta a la legislación del país del usuario, así que sí, YouTube, Google+ y demás servicios de la firma de Mountain View están sujetos a las leyes españolas por estos lares. Que las demás tuvieran que someterse llegado el caso, porque así lo marca la ley, es otro cantar. No olvidemos que muchas cláusulas de los términos y condiciones pueden ser nulas en la práctica.

A excepción de Google, pocas aplicaciones se rigen por la ley española. (jnn1776)
A excepción de Google, pocas aplicaciones se rigen por la ley española. (jnn1776)

9.- Busca sorpresas

Una vez controlados los principales aspectos de los términos y condiciones de cualquier servicio, tampoco está de más buscar algo de tiempo libre para bucear en estos textos legales en busca de detalles significativos. Solo así podrás descubrir que Instagram no te permite utilizar como nombre de usuario una dirección web, que en WhatsApp dejan claro que ni apoyan ni fomentan “el consumo ilegal de alcohol o tabaco” (algo que, sin duda, necesitas saber) o que en Tinder están dispuestos a mandarte una copia en papel de sus términos y condiciones si se lo pides por correo electrónico. Un detalle.

10.- Écha un vistazo a lo que tendrías que leerte

Aunque con estas claves tendrías suficiente para saber los puntos más importantes del contrato que estás firmando, tampoco está de más que compruebes cómo de dura es la prueba que ponen ante ti los abogados del servicio en cuestión con sus términos y condiciones: WhatsApp te coloca delante de más de 6.000 palabras, Facebook unas 15.000 y LinkedIn va un paso más allá para superar las 16.000 palabras.

Si el reto ya es de por sí complejo, la situación se vuelve aún peor al comprobar el idioma en el que están estos textos legales. Si bien muchos están traducidos al castellano, algunos como Tinder, WhatsApp e Instagram te sorprenderán con un asombroso mamotreto escrito en la lengua de Shakespeare.

Fuente: elconfidencial